martes, 6 de diciembre de 2011

Reevaluando ¿El pico del litio o el litio en abundancia?

Juan Carlos Zuleta Calderón *

Patria Grande

3 de julio de 2008

http://www.patriagrande.org.bo/opinionjulio08.php?idrevista=9&idarticulo=94#

Nota del Editor.- La controversia sobre el litio data de enero de 2007, es decir desde cuando William Tahil, Director del Meridian International Research de Francia publicó "El problema con el litio"[1]. En ese aporte, Tahil alarmó al mundo en torno a la supuesta escasez de litio que podría dar lugar a un pico del litio aun antes de que se iniciara la era del metal. Esta posición fue criticada en marzo de 2008 por Keith Evans, un prestigioso geólogo con más de 30 años de experiencia en el campo, a través del artículo "Una abundancia de litio"[2]. En la edición de junio de "Patria Grande", Juan Carlos Zuleta Calderón estableció algunos puntos de desencuentro con Evans y Tahil, los cuales fueron parcialmente refutados por estos autores en sus recientes artículos "Lithium Reserve Rebuttal" y "The Trouble with Lithium 2 - Under the Microscope". En el presente trabajo, el autor responde nuevamente a Evans y Tahil.

Tal como el Sr. Evans[3] sugiere, mi preferencia por las cifras de Don Garrett no estaba aparentemente justificada. En mi defensa sólo puedo decir que esto tuvo que ver con mi limitado entendimiento de un tema más bien ajeno a mi profesión. En todo caso, luego de leer la nueva versión de “El problema con el litio” de William Tahil[4] que incluye sus más recientes estimaciones de recursos de litio, reservas recuperables y carbonato de litio de grado químico potencial hasta 2020, me asalta una duda respecto al verdadero valor de los datos de Evans. Parecería que las cifras de reservas de hace 30 años a las que hace referencia habrían sido ahora seriamente cuestionadas. Sospecho que tendrá que dedicar algún tiempo a responder a este nuevo ataque, aunque el campo de batalla podría no ser solamente geológico. Todo indica ahora que éste se relaciona también con la temática minera. En la medida en que me declaro un neófito en ambas materias, por el momento, al menos hasta que las víctimas de Tahil reaccionen de su reciente golpe, renunciaré a hacer mayores comentarios sobre ellas. Sí debo puntualizar algo, sin embargo, respecto a la cifra de demanda actual de litio proveniente del Servicio Geológico de los Estados Unidos (SGEU). Evans sostiene que este dato “incluye los tonelajes de litio contenido en yacimientos y concentrados de yacimientos vendidos a las industrias del vidrio y la cerámica y por tanto no tiene nada que ver con la demanda química”.

Si es así, me pregunto por qué en el resumen de su trabajo él compara específicamente este dato con las reservas totales de litio equivalente (o carbonato de litio), así como con las reservas totales de litio (o carbonato de litio) en operaciones activas o propuestas, incluyendo en cada caso el litio proveniente de yacimientos mineralizados, salmueras y hectoritas. Para ser correcto, en consecuencia, Evans podría haber comparado sus 16.000 toneladas de litio con los 20.1 millones de toneladas de litio equivalente (aproximadamente 152 millones de toneladas de carbonato de litio) a ser extraídos solamente de salmueras y hectoritas. Un último comentario concierne al acuerdo de Evans con las dos deficiencias en el enfoque de Tahil que identifiqué en mi anterior artículo titulado “El pico del litio o el litio en abundancia” (Véase http://www.evworld.com/article.cfm?storyid=1466). Aquí, él erróneamente se refiere a “otros comentaristas” como los autores de la idea de que la adopción de baterías de litio será gradual y que los grandes descubrimientos de baterías podrían resultar en un menor uso del litio y por tanto en baterías más livianas.
En su nueva versión de “El problema con el litio”, Tahil se refiere solamente una vez a mi artículo para poner en duda la intención de Bolivia de producir 1.000 toneladas de litio por mes empezando en 2013 y no precisamente para responder a mis comentarios. Sin embargo, en un correo electrónico enviado a Bill Moore (el editor de evworld.com), a otros y a mí el 15 de junio de 2008, enfatiza que se requiere 1,4 kg de carbonato de litio por cada kWh de capacidad de batería y que la noción de que 0,44 ó 0,46 kg de carbonato de litio por kWH es suficiente asume un nivel de eficiencia (83%) inalcanzable y que por esa razón “constituye una falsedad”. Por tanto, Tahil toca aquí, aunque levemente, mi segundo punto de crítica y me da la oportunidad de responder. Pero, antes de proceder a hacerlo, permítame el lector regresar primero a las nuevas estimaciones de reservas de Tahil que me han parecido realmente asombrosas.

En suma, él argumenta que una “consideración más cuidadosa del Salar de Atacama y el Salar de Uyuni muestra que las reservas recuperables de litio del mundo se encuentran solamente en el orden de los 4 millones de toneladas”. Esta estimación de reservas disminuye substancialmente las cifras previamente conocidas. Esto se hace más evidente en el caso de Atacama donde las cifras de reservas base[5] y reservas[6] proporcionadas por el SGEU son reducidas de 3 millones de toneladas a 1 millón de toneladas de contenido de litio. Tahil aquí parece sugerir que lo que el SGEU denomina reserva base y/o reservas en el Salar de Atacama, debería considerarse como recursos[7].
Es más, en la página 18 de su artículo, Tahil define recursos como “la cantidad de metal que se establece que está geológicamente presente” y reservas como “cuánto de esos recursos en el sitio puede uno realísticamente extraer y producir”. Me pregunto qué tendrá que decir el SGEU acerca de estas “nuevas” definiciones.

Tahil luego sigue el mismo enfoque para bajar la reserva base del Salar de Uyuni. Él argumenta que las cifras establecidas por Evans (5,5MT), fuentes bolivianas y otras (9MT) o el SGEU (5,4MT) corresponden “al recurso total de metal de litio que se estima que contiene el Salar, no reservas recuperables”. Luego de explicar por qué el Salar de Uyuni, a pesar de ser el depósito de litio más grande en tamaño absoluto, no es el depósito más grande de litio en el mundo en términos de su contenido de litio económicamente recuperable, Tahil concluye que “la reserva real explotable está por tanto en el orden de 300,000 toneladas de litio, no varios millones de toneladas”. Los siguientes factores describen el argumento de Tahil. Primero, el Salar de Uyuni tiene una alta relación Magnesio-Litio de 18.6 a 1, tres veces más que el Salar de Atacama, lo que hace más difícil la producción de litio. Segundo, la concentración de litio varía extensamente en diferentes partes del lago de sal y el área de densidad más alta de litio (por encima de 1.000ppm) constituye una pequeña superficie (280Km2) en el sudeste donde el Río Grande penetra el salar, mientras que el núcleo central de halite (i.e. roca de sal) del Salar de Atacama es 1.000-1.400 Km2 en área. Tercero, la evaporación solar en Uyuni es 1.500 mm por año, menos del 50% de la tasa en el Salar de Atacama, lo que nuevamente hace que la extracción y producción de litio sea más costosa. Y cuarto, debido a que la salmuera que contiene la capa de halite de litio en el Salar de Uyuni “es solamente 11 metros espesa en el lugar de mayor espesor y solamente 2 metros a 5 metros espesa en el área de mayor concentración de litio” en lugar de 35 metros como en el Salar de Atacama, la cantidad “de litio disponible por unidad de superficie es mucho más baja” y se requiere “un área a ser explotada mucho mayor para una producción de litio equivalente”.

Con base en las anteriores consideraciones, Tahil sostiene que “es altamente improbable que nada que se parezca a 60.000 toneladas por año de carbonato de litio equivalente será producido del Salar Uyuni en 2013” y que “una estimación más realista sería 10.000 toneladas por año a partir del 2015 y 30.000 toneladas por año en el 2020”. Toda vez que esta argumentación cuestiona severamente el proyecto de Uyuni recientemente anunciado, aliento a las autoridades bolivianas a cargo de un emprendimiento tan crucial no sólo para el país sino para el mundo entero a responder cuanto antes.
Tahil nuevamente ha sorprendido al mundo. Pero existe todavía alguna razón para creer que sus predicciones deben ser tomadas con precaución. Esto me dirige otra vez a mis dos críticas originales de la versión 1 de “El problema con el litio” que parecen ser también relevantes para la versión 2 del artículo.

Para empezar, Tahil ataca la tecnología de baterías de litio sugiriendo en cambio otras baterías (i.e. ZnAir and Zebra NaNiCl / NaFeCl) como una solución más viable para la transición hacia la propulsión eléctrica en la industria automotriz global, siendo uno de sus argumentos que si la demanda de carbonato de litio desde el sector de electrónicos portátiles mantiene sus actuales tasas altas de crecimiento durante los próximos diez años, se presentará un intensa competencia entre este sector y la industria automotriz por la provisión de baterías de litio. En mi opinión, este conflicto tendrá que ser resuelto en el lugar del mercado. Dada la importancia de la industria automotriz en la economía global, es probable que la disputa por baterías de litio se resuelva a favor de esta industria.

En este sentido, el sector electrónico podría tener que recurrir a la clase de baterías que Tahil ha venido apoyando con tanto ahínco para los vehículos eléctricos hasta que se pueda abordar la supuesta escasez de litio con la ayuda -por supuesto- del desarrollo tecnológico. Si aquellas baterías son tan buenas, ¿por qué entonces no se pueden comercializar primero en el sector electrónico? Además, tal como mencioné en mi artículo original, durante la transición hacia la propulsión eléctrica el litio no estará solo en la energización de los nuevos “carros verdes”; muchas baterías antiguas son y todavía serán opciones viables y muchas más aparecerán para enfrentar este desafío. Algunos de mis comentaristas han sugerido incluso que probablemente no deberíamos ser tan optimistas acerca de la desaparición absoluta de la faz de la tierra de todos los vehículos a gasolina y a diesel (especialmente camiones) en la próxima década o algo parecido, tal como Tahil parece insinuar. En este contexto, he argumentado que el litio tomará control del mercado de la energía solamente de una manera gradual en el curso de los próximos 20 años más o menos como un factor clave del nuevo paradigma tecno-económico en el mundo; hasta entonces muchas tecnologías de energía coexistirán. Por tanto, de alguna manera, Tahil parece perderse aquí completamente la película de la tecnología.

Esto me manda directamente a mi segunda crítica de Tahil, vale decir que a medida que se produzcan significativos avances en las tecnologías de baterías se requerirá una cantidad cada vez menor de litio para activar vehículos eléctricos. Tal como mencioné más arriba, Tahil ha argumentado que las actuales baterías de litio requieren 1,4 kg de carbonato de litio equivalente por 1kWh. Esto está basado en su propio supuesto de que “como regla, las baterías recargables obtienen cerca del 25% de la capacidad teórica del ánodo …”. En consecuencia, cualquier compañía de baterías que sostenga que puede obtener un 83% del equivalente electroquímico de litio ha hecho un deslumbrante descubrimiento que debería haber producido titulares en todo el mundo”. Pero, los descubrimientos tecnológicos de las tecnologías de baterías ya han llegado y seguirán llegando, especialmente desde el campo de la Nanotecnología. En efecto, investigadores del Massachussetts Institute of Technology (MIT) han reportado recientemente que usando “nanocables” (nanowires) en una batería de ión litio pueden incrementar dos o tres veces su densidad energética (Véase http://www.azonano.com/newsID=2108) y hace sólo unos cuantos meses otro grupo de investigadores en Stanford han descubierto que los “nanocables” pueden mantener 10 veces la carga de las actuales baterías de ión litio (Véase http://news-service.stanford.edu/news/2008/january9/nanowire-010908.html). Sólo me queda esperar que estos avances tecnológicos tiendan a reducir la cantidad de litio por kWh de capacidad de batería requerida.

Un último punto que deseo enfatizar en esta reevaluación se refiere a los principales factores que en mi opinión podrían determinar la adopción final de baterías de litio en carros eléctricos. En la jerga económica, esto se relaciona con las fuentes del cambio técnico o la innovación tecnológica. Resulta por demás decir que los tres factores que identifico y explico más abajo sólo pueden tomarse como parte de una lista más larga en proceso de elaboración. En este sentido, el primer factor es, por supuesto, el mercado. Los actuales niveles elevados de los precios del petróleo explican claramente por qué más y más consumidores están dispuestos a adoptar carros híbridos, híbridos enchufables y completamente eléctricos. El desarrollo tecnológico constituye el segundo factor. Aquí necesitamos considerar los recientes avances en la tecnología de baterías de litio tales como los reportados por la General Motors (Véase http://www.reuters.com/article/marketsNews/idUSN1637187420080616) y la Nissan (Véase http://online.wsj.com/article/SB121320799221764997.html?mod=googlenews_wsj).

Finalmente, el tercer factor es tal vez el más complejo de los tres. Tiene que ver con la resistencia al cambio técnico. En este caso, me refiero a los gobiernos, compañías e individuos con intereses creados para evitar el surgimiento de las tecnologías de baterías de litio principalmente debido a que esto podría poner en serio riesgo sus privilegios o ventajas actuales o futuras. Dejo al lector decidir de cuáles gobiernos, compañías e individuos estoy hablando aquí y si ellos serán lo suficientemente fuertes como para interrumpir la transición hacia la propulsión eléctrica con baterías de litio en la industria automotriz global.

* Este artículo es una traducción al español de la versión original en inglés publicada el 24 de junio de 2008 en http://www.evworld.com/article.cfm?storyid=1480.
** Economista, para cualquier comentario dirigirse a: jczuleta@gmail.com

[1] Véase William Tahil, "The Trouble with Lithium", ("El problema con el litio"), Meridian International Research, enero 2007, disponible en: http://www.meridian-int-res.com/Projects/Lithium_Problem_2.pdf.

[2] Véase Keith Evans, "An Abundance of Lithium", ("Una abundancia de litio") marzo 2008, disponible en: http://www.worldlithium.com/Home_files/An%20Abundance%20of%20Lithium.pdf, se publicará en la edición de julio de la prestigiosa revista "Industrial Minerals" del Reino Unido.

[3] Véase Keith Evans, "Lithium Reserve Rebuttal", ("Refutación sobre las reservas de litiio"), publicado en http://www.evworld.com/article.dfm?storyid=1472, el 13 de junio de 2008.

[4] Véase William Tahil, "The Trouble with Lithium 2 - Under the Microscope", ("El problema con el litio 2 - Bajo el microscopio"), Meridian International Research, 29 de mayo de 2008, disponible en: http://www.meridian-int-res.com/Projects/Lithium_Microscope.pdf.

[5] Aquella parte de un recurso identificado que cumple criterios físicos y químicos específicos mínimos relacionados con prácticas mineras y de producción actuales, incluyendo aquellas sobre grado, calidad, espesor y profundidad. Constituye el recurso (medido e indicado) en el sitio del cual se estiman las reservas. Podría comprender aquellas partes de los recursos que tienen un potencial razonable para volverse económicamente disponibles dentro de horizontes de planificación más allá de aquellos que asumen la tecnología probada y la economía actual. Incluye aquellos recursos que son actualmente económicos (reservas), marginalmente económicos (reservas marginales) y algunos de aquellos que actualmente son subeconómicos (recursos subeconómicos). El término “reserva geológica” ha sido aplicado por otros a la categoría de reserva base, pero éste podría incluir la categoría de reserva base inferida; por lo que no es parte de este sistema de clasificación (Véase http://minerals.usgs.gov/minerals/pubs/mcs/2008/mcsapp2008.pdf).

[6] Aquella parte de la reserva base que podría ser económicamente extraída o producida en el momento de su determinación. El término reservas no necesariamente significa que las facilidades de extracción están dadas y son operativas. Las reservas incluyen solamente materiales recuperables; por tanto, términos tales como “reservas extractables” y “reservas recuperables” son redundantes y no son pare de este sistema de clasificación (Véase http://minerals.usgs.gov/minerals/pubs/mcs/2008/mcsapp2008.pdf).

[7] Una concentración de materiales sólidos, líquidos o gaseosos que ocurre de manera natural en o sobre la costra terrestre en tal forma y cantidad que la extracción económica de una mercancía es actualmente o potencialmente factible (Véase http://minerals.usgs.gov/minerals/pubs/mcs/2008/mcsapp2008.pdf)

viernes, 30 de mayo de 2008

¿El pico del litio o el litio en abundancia?

¿El pico del litio o el litio en abundancia? *

Juan Carlos Zuleta Calderón**

Se ha presentado una reciente controversia en torno a la disponibilidad de litio para la transición aparentemente irreversible hacia la propulsión eléctrica en la industria automotriz global.

A partir de enero de 2007, es decir desde cuando el trabajo de William Tahil “El problema con el litio” se publicó en internet, un número cada vez mayor de analistas empezó a conjeturar acerca de la posibilidad real de sustituir el petróleo en el transporte automotor. La argumentación principal de Tahil fue que las baterías de ión-litio, vale decir las baterías construidas con la tecnología de punta del momento, podrían no ser sostenibles para aplicaciones de vehículos eléctricos y que resultaba crucial dirigirse más bien hacia las tecnologías de baterías denominadas “Zinc-Aire”, “Zebra Sodio-Níquel-Cloro y Zebra Sodio-Hierro-Cloro para cubrir “la urgente necesidad de reducir el consumo de petróleo inmediatamente a todos los costos o enfrentar las consecuencias de una gran crisis de la civilización”. A pesar de los argumentos persuasivos de Tahil, en los últimos 15 meses más o menos, prácticamente todos los productores globales de vehículos, así como las compañías pequeñas más innovadoras han continuado incorporando el litio en sus planes de desarrollo de la mejor tecnología de baterías para energizar los carros híbridos enchufables y completamente eléctricos del futuro próximo y no se han reportado mayores avances en los tipos de baterías mencionados por Tahil. De acuerdo con un reciente artículo en News Trends, publicado desde Rusia, por ejemplo, la Toyota parece estar, en efecto, interesada en desarrollar las baterías Zinc-Aire para su uso en tecnología híbrida, pero la implementación de este proyecto podría demorar hasta el año 2020.
Desde una perspectiva diferente, Keith Evans en su artículo de marzo de 2008 “Litio en abundancia”, también difundido a través de la red, ha argumentado que “las preocupaciones relacionadas con la disponibilidad de litio para baterías de vehículos híbridos o eléctricos o para cualquier otra aplicación que se considere conveniente son infundadas”. Esto está basado en un reporte que “incluye un total de 28,5 millones de toneladas de litio equivalentes a cerca de 150 millones de toneladas de carbonato de litio – lo que significaría 1.775 años de oferta a la tasa actual de demanda (aproximadamente 16.000 toneladas por año de litio). El litio en pegmatitas, en salmueras continentales, en salmueras geotermales, en salmueras de campos de petróleo y en hectoritas totaliza 7,6 millones, 17,7 millones, 0,3 millones, 0,75 millones y 2,0 millones de toneladas, respectivamente”. En su comentario sobre el artículo de Evans, Tahil ha argumentado que “plantear 30 millones de toneladas de litio es exactamente igual que plantear trillones de barriles de petróleo en pizarras y arenas asfálticas. Es irrelevante”. Es más, estas cifras no son consistentes con la relación actualizada, detallada y documentada de reservas geológicas de litio incluida en un libro especializado de reciente publicación (Véase Donald E. Garrett, “Handbook of Lithium and Natural Calcium Chloride”, Academic Press, 2004 – Estoy agradecido a William Tahil por esta referencia) que concluye que existen solamente alrededor de 14,7 millones de toneladas de litio en depósitos de salmueras y cerca de 1,6 millones del metal en depósitos mineralizados, totalizando 16,3 millones de toneladas de litio en el mundo. Resulta por demás interesante que, tanto las estimaciones de Evans como las de Garrett, sobre las reservas de litio en el Salar de Atacama (Chile), de donde hoy en día viene la mayor producción del mundo, son considerablemente mayores a los guarismos que el Servicio Geológico de los Estados Unidos ha venido reportando en los últimos 15 años más o menos, demostrando que a medida que la producción en yacimientos nuevos despega, las reservas tienden a incrementarse en razón a que los operadores productivos no sólo se vuelven más conocedores de las reservas existentes sino que tienen más incentivos para explorar nuevos campos. Adicionalmente, siguiendo al Servicio Geológico de los Estados Unidos, la demanda actual de litio no es 16.000 toneladas por año sino 25.000 toneladas al año.
Esta evidencia parece dar más crédito a Tahil que a Evans. No obstante, existen al menos dos deficiencias en el enfoque de Tahil. Primero, la sustitución del parque automotor global tomará algún tiempo. Por un lado, las Regulaciones del Aire Limpio firmadas en 14 estados de los Estados Unidos no son tan ambiciosas. Pasarán años antes de que la flota completa de carros nuevos introducidos en el mercado sea reemplazada por algún tipo de vehículos eléctricos activados por baterías de litio. Por otro, los precios altos del petróleo son un incentivo para buscar nuevas fuentes alternativas de energía. De este modo, el litio no estará solo en esta carrera. Fuentes alternativas de energía, tales como energía solar, eólica, geotérmica, de aire comprimido, etc. evitarán una adopción de baterías de litio de “una vez por todas”. En este sentido, lo más probable es que la transición a la propulsión eléctrica se produzca de manera gradual durante los próximos 20 años más o menos. Dentro de este lapso, es posible que las reservas de litio aumenten, no solamente porque algunos campos nuevos (inexplotados), tales como el Salar de Uyuni, Bolivia, empezarán a producir, sino también debido a los precios altos de litio resultantes de una demanda del metal en constante crecimiento.

Los esfuerzos realizados por el Proyecto Mejor Lugar, por ejemplo, para electrificar completamente los nuevos parques automotores tanto de Israel como de Dinamarca hasta el 2011 ó 2012 e inclusive el anuncio de la Nissan de introducir carros eléctricos en el mercado de los Estados Unidos en 2010 son sólo una indicación de lo que podría ser el futuro próximo, pero no necesariamente una señal clara de una inmediata interrupción de la demanda de petróleo en favor del litio. Además, no todos los mayores productores de carros se involucrarán en un emprendimiento “completamente eléctrico”; en realidad, la mayoría de ellos, incluyendo la General Motors, está apuntando a los híbridos enchufables, cuya demanda de litio probablemente sea relativamente menor que la de los vehículos totalmente eléctricos. Causa sorpresa entonces que, de acuerdo al ejecutivo en jefe de la Nissan Motor Co., Carlos Ghosn, aun los carros eléctricos a ser producidos por este manufacturero global de vehículos “siempre tendrán la posibilidad de contar con una extensión de rango”, vale decir, “un motor a gasolina que recargue la batería y mantenga el vehículo en movimiento una vez que la carga eléctrica inicial expire” (Véase Nissan May Offer Range-Extended Electric Car, Wall Street Journal, 15 de mayo de 2008). Por tanto, en este momento las preocupaciones acerca de la disponibilidad de litio para la transición a la propulsión eléctrica no parecen tener mucho asidero.

Segundo, se habrían hecho (y probablemente se continúen haciendo) grandes descubrimientos en baterías, por ejemplo, en el campo de la Nanotecnología que podrían resultar en un menor uso de litio y por tanto en baterías más livianas. En otras palabras, a medida que la tecnología avance, se requerirá cada vez menos litio para energizar vehículos eléctricos. Esto, nuevamente, debilita el argumento que el mundo podría estar enfrentando un “pico de litio” aún antes de que sea inaugurada la era del litio.

En este contexto, en un comentario sobre el artículo de Bill Moore “Litio en abundancia” fechado el 17 de abril de 2008 en evworld.com, hube argumentado que todo indica ahora que estamos ante el advenimiento de la era del litio (Véase mi blog de evworld.com de abril de 2008) o de un nuevo paradigma tecno-económico (el sexto desde la revolución industrial – Véase mi blog de evworld.com de enero de 2008) con el litio como su factor clave. En efecto, al presente parece más probable que las tres condiciones para un factor clave (tal como el ´petróleo´ en el cuarto paradigma tecno-económico y los ´microchips´ en el quinto) sugeridas por Christopher Freeman y Carlota Pérez en un libro fundamental sobre cambio técnico y teoría económica se puedan cumplir, a saber: (i) percepción evidente de un costo relativo bajo y cayendo rápidamente; (ii) potencial claro para el uso o incorporación del nuevo factor clave en muchos productos y procesos a través del sistema económico; y (iii) potencial claro para el uso o incorporación del nuevo factor clave en muchos productos y procesos por todo el sistema económico. Razones de espacio me impidieron en ese momento desarrollar un poco más este argumento. Aprovecho ahora la oportunidad para hacerlo.

Para empezar, a tiempo de escribir el argumento, pensé que estábamos ante el advenimiento de la era del litio o de un paradigma tecno-económico con el litio como su factor clave porque el gobierno de Bolivia había decidido unos pocos días antes empezar a explotar las reservas más grandes del planeta localizadas en el Salar de Uyuni (Véase mi blog de evworld.com de abril de 2008). En mi opinión, esta fue una decisión crucial, por cuanto podría modelar el desarrollo tecnológico de una de las industrias más dinámicas de la economía global: la industria automotriz. Hace más de un año, el mismo Tahil se mostró más bien escéptico acerca de esta posibilidad, argumentando que: “En el clima actual, el gobierno de Bolivia no permitirá la industrialización plena del Salar de Uyuni, un ecosistema antiguo único, sólo para proveer motivo de poder al mundo industrializado”. Si bien es todavía muy temprano para saltar a conclusiones en cuanto a cuán exitoso será el gobierno de Bolivia en su intento por avanzar solo (esto es, sin ningún interés privado, ya sea nacional o extranjero) en este emprendimiento, lo cierto es que, contra todo pronóstico, el gobierno ha sido capaz de elaborar un plan para industrializar el Salar de Uyuni, el cual, entre otras cosas, busca una producción de 1.000 toneladas al mes de litio de metal equivalente a partir de 2013. Por el momento, renunciaré a realizar cualquier comentario acerca de la oportunidad, la magnitud y la relevancia del plan boliviano. Estos tópicos importantes serán parte de otro ensayo en el cual pretendo trabajar próximamente.

En virtud de los argumentos establecidos anteriormente, resulta claro que la incursión de Bolivia en el mercado de litio contribuirá al cumplimiento de las condiciones (i) y (ii) para que el litio se convierta en un factor clave del nuevo paradigma tecno-económico. En cuanto a la condición (iii), es también evidente que la actual lista de aplicaciones del litio es larga y tiende a crecer: (a) en vidrios de cerámica para mejorar la resistencia a cambios bruscos de temperaturas; (b) para bajar los puntos de los procesos de dilución y como un agente de cristalización en manufacturas de cerámica y vidrio; (c) para bajar el punto de dilución en la producción primaria de alumnio; (d) como catalizador en la producción de goma sintética, plásticos y productos farmacéuticos; (e) como un agente de reducción en la síntesis de muchos compuestos orgánicos; (f) en lubricantes y grasas especiales usados para trabajar en condiciones de temperaturas y cambios extremos; (g) en la producción de baterías primarias y secundarias; (h) en sistemas de aire acondicionado y humedificación; (i) en aleaciones aluminio-litio para producción de aviones; (j) como una adición al cemento para prevenir el cáncer de concreto; (k) como absorbente de dióxido de carbono; y (l) en la desinfección del agua (Véase Evensperger et al, “The lithium industry: Its recent evolution and future prospects”, 2006, en la red).







* Este artículo es una traducción al español de la versión original en inglés publicada el 22 de mayo de 2008 en http://www.evworld.com.

** Economista, para cualquier comentario dirigirse a: jczuleta@gmail.com.